Muchos me decís que bien hablo español, y me preguntáis como he podido aprender en tan solo 3 años.

Estando en un país donde se habla el idioma que quieres aprender se hace todo mucho más fácil. Por eso os quiero contar ahora las cosas que hice antes de venir a España.

Mi nivel de castellano al llegar a Granada parecía cero, pero realmente no era así pues había construido una base muy fuerte, aunque no la había usado todavía.

Tenemos que entender que un idioma no se aprende en un fin de semana. Es un proceso que dura años. Es un proceso que implica cambiar tu forma de pensar, abrir puertas a otras culturas, con respeto y una elevada curiosidad.

La decisión de mudarme a Granada la tomé cuatro meses antes de realizarla, pero en mi cabeza ya se había metido la idea de mudarme hacía más de un año.

Durante esa época cada mañana andaba durante 15 minutos hacia la oficina, y luego la vuelta a casa igual. Busqué unos (1) podcasts para escuchar mientras andaba. Y así empezaron a formar parte de mi vida Ben y Marina, una pareja inglesa-madrileña muy graciosa, de los que todavía recuerdo sus explicaciones muy claramente.

No tenía muchas ganas a ir un curso, por lo que (2) busqué un compañero de intercambio de idiomas.

Así me encontré a Mauricio, un chico colombiano que quería aprender húngaro (sí, ¡hay gente que quieren aprender húngaro!). Nos veíamos dos veces a la semana durante dos horas, hablando 1 hora de español y una hora de húngaro. Ambas horas eran difíciles. Y eso que eran conversaciones súper básicas del tipo “¿A qué hora te levantas?” y frases de este tipo. Pero hacerlo me ayudó un montón, y en realidad empecé a aprender este idioma de esta forma, hablándolo.

Luego me puse objetivos, (3) compré los libros que un día quería leer en español.

Primero uno que ya leí en inglés, “Eat Pray, Love” — “Come, Reza, Ama”, y luego compré otro, “El Asedio” de Arturo Pérez Reverte para ponerme una meta alta. Empecé a leer “Come, Reza, Ama” sin hablar casi una palabra en español. Pero al haberlo leído antes ya conocí a toda la historia, por lo que todo fue aprendizaje. Creo que leí cada frase cinco-seis veces, subrayando cosas que eran nuevas para mí. Este fue el primer libro que usé para aprender español, mucho más divertido que “Prisma”, otro libro que normalmente se usa para aprender español.

Hablando de libros, hice lo mismo con películas. Ya que había visto antes casi todas las (4) películas de Pedro Almodóvar, me puse a verlas en versión original. Al conocer la historia, me enteraba de algunas frases de las que se comentaban.

Hice lo mismo con (5) mis series favoritas; dándome cuenta de lo mal que a veces se realiza el doblaje al español, ya que antes había visto la misma serie en inglés.

También hice pequeños cambios en mi vida diaria; (6) cambié todas las aplicaciones a castellano, ya que la manera de usar TwitterFacebook, el ordenador o el móvil es tan automática, que uno no se lía si cambias el idioma, y te permite aprender un montón sin esfuerzo. Si echas un vistazo ahora a cuáles son las cosas que puedes cambiar, rápidamente puedes encontrar cuatro-cinco

También añadí el español a mi lista de idiomas en (7) DuoLingo, y me decidí a practicarlo cada día. Creo que al final solo practiqué una vez al mes, pero algo es algo.

Dentro del proceso de aprender un idioma, para mí, conocer la cultura tiene una importancia muy grande. Así (8) busqué un curso poco convencional en español, centrado en temas que realmente me interesasen, y por casualidad (o por su buen posicionamiento en Google) encontré el curso de sostenibilidad medioambiental ofrecido por Delengua en Granada. El tema me interesaba, aunque sospeché que no iba a enterarme de nada, pero hice mi inscripción y pagué mi curso. Tenía razón, no me enteré de nada, pero podía visitar sitios y lugares realmente fascinantes y escuchar castellano durante una semana entera, perdón “andaluz”, ya que después de haber pensado que el idioma castellano era el que hablaba Mauricio, y que entendía casi todo si se hablaba despacio y claro, me di cuenta que no, y aquí mi gran sorpresa.

Y el penúltimo, pero muy importante, (9) con todas las personas que sabía que hablan castellano, inicié conversación en su idioma. Sobre todo, con mis compañeros de trabajo. A veces no llegué más allá a decir “¿Hola, que tal?” y ya no enterarme de la respuesta, pero al menos había desarrollado mucha practica al poder decir en varias maneras “que tal” e intentar a entender la respuesta. Luego ya podía seguir en inglés que para decir la verdad era mucho más fácil.

Y como había varios cantantes que me gustaban mucho, y no había entendido ni una palabra, busqué las letras de las canciones e intenté enterarme de algo. Pero todo fue sin diccionarios, cerrando mis ojos y centrándome en la canción e intentando entender los sentimientos. Así estaba, pasando las tardes, planchando la ropa o cocinando (ojos abiertos), y escuchando a Bebe, Buika, Romeo Santos… A Romeo solo lo usé hasta que empecé a enterarme de sus letras…

Si empezase hoy, seguro que no faltaría en mi lista (10) LyricsTraining, una página súper divertida para practicar con mis canciones favoritos.

Hoy en día, si tuviese que decidirme a aprender un nuevo idioma haría lo mismo, porque disfrutar para mí es más importante que aprender cualquier cosa.